La comunidad
De cómo esta historia puede ser contada por un Olivo
Llevaba trescientos años plantado, solitario, en medio de la nada. Pasaba mis días bailando mis hojas al cantar de la brisa.
De pronto vi que en torno a mí se levantaba una enorme construcción, piedra sobre piedra. Un grupo de mujeres –blanco y negro, por bandera la Verdad– comenzaron a merodear por este lugar. Me miraban, se asombraban; les brillaban los ojos ante mi verdor y majestuosidad. Las he visto reír y llorar –quebrarse–; entrar y abandonar. He sentido el peso del mundo en sus corazones.
Aún oigo el rumor del horno caliente que apenas hace cuarenta años prendieron, al tiempo que se lanzaron a abrir las puertas para que, no solo ellas, sino todo el que, atraído por la Verdad, desee encontrarse con el silencio de este claustro que es mi mundo y estremecer su asombro. Y al recuerdo de una bamba de nata, de canas se viste el despacho de dulces.
Yo, que solo soy un pobre Olivo milenario, custodio en la contemplación las memorias que esconde el monasterio: los gritos ahogados ante la Belleza; la oración callada de una Orden llamada a ser testigo de lo eterno, en este pequeño pedazo de mundo donde el silencio habla de esa Verdad.
Valores
Historia
Como custodios de la Edad Media, guardamos y transmitimos la evolución de la sociedad a lo largo de los siglos hasta hoy, actualizando la historia sin perder su esencia, para que el pasado siga iluminando el presente.
Arte
La tradición, el arte sacro y la arquitectura del monasterio son transmisores de belleza que elevan el espíritu e invitan a trascender los muros físicos, uniendo lo humano y lo divino mediante la contemplación.
Espiritualidad
El silencio es clave en el interior del monasterio; un silencio que invita a adentrarse en lo más profundo y conectar con aquello revelador que se percibe más allá de uno mismo, como experiencia de trascendencia y comunión con lo sagrado.
La Comunidad
El Monasterio Sancti Spiritus el Real ha estado habitado desde sus orígenes por hermanas contemplativas de la Orden de Predicadores, sujetas al régimen de clausura. Su espiritualidad ha evolucionado a lo largo del tiempo, adaptándose a los cambios sociales sin perder nunca su esencia, sostenida en la oración, la contemplación y la perfección de la caridad.
Actualmente, la comunidad religiosa está formada por once hermanas. En el contexto de una sociedad cada vez más compleja, las dominicas enfrentan numerosas dificultades para compaginar su vida íntegramente contemplativa con la salvaguarda y conservación del patrimonio heredado. Este hecho, sin embargo, no merma el orgullo de haber recibido la propiedad ni el deseo de seguir promoviendo y difundiendo el patrimonio que custodian como memoria viva que explica el pasado, habla del presente y proyecta el futuro con esperanza.
Esta tensión ha generado, en no pocas ocasiones, situaciones en las que se ha priorizado la estructura y el mobiliario por encima de la seguridad y el bienestar de las propias religiosas. De ahí la necesidad de entender el Museo – Monasterio Sancti Spiritus el Real como una unidad inseparable donde se revaloricen ambas dimensiones –museística y comunitaria–, preservando siempre el estilo de vida de las hermanas, basado en el tipo de clausura papal, característico de la vida íntegramente contemplativa.
Cuatro pilares de la vida dominicana
Estudio
Lectio divina, teología y formación continua, herencia del carisma dominicano.
Oración
La liturgia de las horas, vivida en común, da forma al día y al año.
Predicación
La predicación silenciosa de la vida contemplativa, ofrecida por la Iglesia y el mundo.
Vida común
Trabajo, mesa, recreación y silencio compartidos bajo una misma regla.
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